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La arruga no sólo es bella.

Las arrugas de la Síndone nos dicen mucho de su historia. La ventaja del lino es que, si no se plancha, las arrugas permanecen. Estudiando, pues, sus pliegues podemos deducir dónde ha estado y averiguar su recorrido histórico.


En la Síndone encontramos unas marcas de agua (sobre el pecho y encima de la cabeza y las mismas en la dorsal), de fecha desconocida. Son las marcas más antiguas. La posición y los ejes que muestran nos indican que pudo estar doblada en 4 partes y, después, en fuelle. Sería un doblamiento en 32 capas. Esta forma coincide con otros tejidos encontrados en Qumran, y las manchas de agua podrían ser de condensación dentro de la tinaja, lo que es coherente con el ambiente de los alrededores del mar Muerto.


Encontramos también arrugas que corresponden a un doblado coincidente con las descripciones que tenemos del mandylion de Edesa. Estaría doblada por la mitad y, luego, en cuatro pliegues más. Por tanto, sería un tetradiplón (doblado en 2x4). El doblamiento, por tanto, sería en 8 capas. Sería un argumento a favor de la identificación de la Síndone con el mandylion.

Un tercer modo de haber sido doblada es la que nos indican las famosas quemaduras en L. Aquí estaría doblada en 4 capas. No podemos saber ni hipotetizar cuándo estuvo así, pero sí es seguro que anterior al año 1150, pues aparecen en el Codex Pray de 1192 y, según la experta textil Flury-Lemberg, son quemaduras de origen químico que evolucionan durante unos 50 años.

Si la Síndone es la que se exponía los viernes de cuaresma en Constantinopla, y que dará lugar a la Imago Pietatis, estaría doblada en dos y, posteriormente, en fuelle, para poder ser desplegada. En esta hipótesis es donde menos información nos dan las arrugas.

Hasta aquí nos movemos en el terreno de la hipótesis. A partir de aquí si está documentada.

En Chambery estaba doblada en 48 capas (12x3). Este doblamiento dará lugar, tras el incendio, a las conocidas quemaduras que vemos con claridad: las dos bandas longitudinales y los triángulos donde falta el tejido.

Tras su restauración en 1534, fue doblada enrollada en una urna de plata rectangular. Esta forma de ser guardada, con los forros que se le añadieron, provocaron unas arrugas irregulares que podemos ver en las fotos anteriores a la restauración de 2002.


Tras la restauración y su estiramiento para mejor conservación en 2002, se han perdido muchas de estas arrugas. Con ellas ha desaparecido información histórica relevante que no podrá ser contrastada en futuras investigaciones sobre la Síndone.


Una pena no haberlas conservado. La arruga no sólo es bella sino importante.


Ignacio Huertas Puerta, delegado del CESAN.

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